Acerca de las náuseas y antojos en el embarazo

¡Hola mamás!

Me siento muy contenta de llegar a una entrada más.

Hoy quiero platicarles acerca de algunos síntomas que sufrimos las futuras mamis: los ascos, vómito, náuseas y antojos en el embarazo.

Una mañana de esas en las que no pasaba nada, entre la séptima y octava semana de embarazo, me desperté con una sensación muy molesta, las terribles náuseas. Al principio eran leves, algo con lo que podía lidiar, pero conforme pasaban los días eran más intensas e insoportables. Yo quería tener antojos, más no esas feas náuseas que no me dejaban vivir mi embarazo en paz.

Al principio, ya sabiendo que estaba embarazada, no sentía nada. Incluso, debo confesar que me extrañaba mucho y deseaba tenerlas. Dios mío, perdóname porque no sabía lo que pedía.

Y de repente, ¡llegaron! Junto con sus mejores amigos: los ascos.

El olor a uva me daba asco y hasta la fecha, es un asco que jamás se fue. El aguacate me daba asco, imperdonable, lo sé.  El queso Philadelphia me daba asco, más imperdonable, lo sé. Ver la tele me daba asco, el yogurt de fresa, las mañanas, el frío, tomar las pastillas que me indicaron para las náuseas, todo me daba asco, hasta ¡hablar!

En serio, esas semanas me la pasaba acostada en mi cama, porque hasta con tener una conversación sentía que iba a vomitar.

En una de esas ocasiones mi mamá notó que no me levantaba ni a comer, intentó animarme diciéndome que es un proceso muy bonito que debía ser disfrutado, y que todas las etapas del embarazo debían ser gozadas con plenitud. “Disfruta tus náuseas, hija, son un símbolo de la gran bendición que crece en tu vientre”

¿Disfrutarlas? Imposible, yo sólo deseaba que pasaran los tres primeros meses, pues supuestamente al cuarto mes, debían ceder.

Hasta ahora no hay algún estudio que confirme con precisión por qué aparecen las incómodas náuseas. Supuestamente puede deberse al aumento de hormonas en el embarazo como los estrógenos y la GCH. Aunado al desarrollo del sentido del olfato, que ante la menor provocación nos hace ser mejores que Jean Baptiste Grenouille, el protagonista de “El perfume”.

Hay muchas creencias por las que según les dan más náuseas a unas embarazadas que a otras. He escuchado que a las que van a tener niñas tienen más posibilidades de padecerlas por las hormonas que hay dentro de ti debido al embarazo y a las hormonas que implica un feto niña para su formación, en mi caso eso no aplicó.

También he escuchado que mientras más velludito viene el bebé, más probabilidades de tenerlas, y bueno, esa sí la creo, pues yo di a luz a un bello changuito peludo.

En fin, me aconsejaron muchas cosas para controlarlas. La única que me funcionó un poco, fue comer toooodo el tiempo pero en cantidades pequeñas, ya sea una galletita salada, un puñito de palomitas naturales, una fruta, es decir, pequeñas colaciones. Hice a un lado las grasas y el picante, ingredientes que no podía ni ver en pintura.

El punto era no tener el estómago vacío y tomar muchos líquidos, eso sí frescos, no fríos pero frescos. ¡Entiéndanme, estaba embarazada!

Lo cierto es que ni el medicamento que me indicaron me ayudó. Afortunadamente sólo una vez tuve vómito después de comer, los demás eran al despertar (los peores). Y sí, cada que sucedía lloraba de la preocupación de no poder controlarlo.

Pero mi mejor remedio contra las náuseas me lo dio mi propio cuerpo, ¡los antojos! Una de las cosas más divertidas del embarazo. Amé con profundidad los caldos calientitos con muchas verduras y arroz y los tamales se convirtieron en mi debilidad. Las carnitas normalmente no me gustan mucho, pero a finales del embarazo era justo y necesario que cada domingo me encontrara pidiendo un taquito de maciza en el puestito del mercado.

En este punto del embarazo, una de las peores cosas que pueden suceder es sentir un emocionante antojo, pero al tenerlo frente a ti sentir repentinamente un asco que quién sabe de dónde sale, si hace 5 minutos morías por comerlo.

En fin, así pasaron los primeros tres meses, entre náuseas y ascos, principalmente.

Aunque claro que mis ilusiones y alegría eran directamente proporcionales a estos feos síntomas.

A principios del segundo trimestre, una tarde me encontraba de compras en el supermercado y decidí dar una vuelta por la sección de bebés. Mirando las frazadas para bebé comencé a imaginarlo en mis brazos, sentí un movimiento muy raro en mi abdomen, esta vez no eran las náuseas traicioneras, ni hambre, ni un antojo, era la primer patadita que sentía, ¡ahora de verdad estaba enamorada!

Fue ahí cuando adquirí mi primer producto Baby Mink, mi bebé nacería en medio año aproximadamente, y yo, ya deseaba que esa escena que dibujé en mi mente se hiciera realidad. Ya tenía la frazada, sólo faltaba tener en brazos a mi bebé.

Ahora platícame sobre tus náuseas y antojos. ¿Qué era lo que más te gustaba comer? ¿Tuviste antojos raros? Será muy divertido leerte.

En la siguiente entrada te compartiré la historia de una amiga que acaba de dar a luz, su bebé es muy especial, pues se trata de un bebé arco iris. ¿Has escuchado hablar sobre ellos? No te pierdas en la próxima entrada la historia de Jacquie, una mami que sus días son iluminados con risas de colores, pero por las noches mira de lejos cómo brilla su primera estrella. ¡No te la pierdas! 😉

 

¡Hasta la próxima! :)

 

¿Qué es el melasma?

¿Sabías que, el melasma es una hiperpigmentación de la piel, en forma de manchas o parches, que se van desarrollando gradualmente y se manifiestan en zonas expuestas al sol, principalmente en el rostro?

Por lo general, el melasma se puede presentar en cualquier persona pero es más común en mujeres, en especial cuando están embarazadas y han consumido anticonceptivos orales, sin embargo puede tener otras causas.

Con melasma, las manchas cutáneas no tienen una cura, pero se pueden controlar con tratamiento, uno de ellos es a base de exfoliaciones químicas, bajo prescripción médica correspondiente al cuidado de la piel. Otro tratamiento es la prescripción de hidroquinona, ácido glicólico y Retin-A, para ayudar a reducir o eliminar el melasma. También existen peelings químicos, para ayudar a reparar las células dañadas estimulando la producción de colágeno.

No todas las embarazadas sufren de aparición de estas manchas y si aparecen, lo recomendable es empezar un tratamiento después del embarazo debido a los químicos que pueden contener las cremas. Si las manchas aparecen es mejor tratarlas, porque existe riesgo de que se agraven más con cada embarazo, siempre después del periodo de gestación.

Aquí la importancia del protector solar, sin importar si estás embarazada o no, usa uno con factor de protección solar 50 o mayor. Es una buena recomendación si quieres evitar manchas de cualquier tipo en tu piel.

Mesa para tres

 

¡Hola mamás!

Me da mucho gusto saludarlas de nuevo, ¿cómo les ha parecido nuestro blog? ¿Les gustaría que tocáramos algún tema en especial? Recuerden que este espacio es de ustedes y pueden usarlo para lo que necesiten. No duden en comentar, estaré muy feliz de leerlas.

La semana pasada les platiqué de cómo me enteré que estaba embarazada, de mi primer control prenatal y las indicaciones generales que me dio la Doctora.

Recuerdo que ese día, al salir de la consulta, Alan y yo pasamos a tomar el almuerzo. Cuando llegamos al restaurante nos preguntaron para cuántas personas queríamos nuestra mesa, Alan pidió mesa para dos, pero yo felizmente dije tres. Ese número se había convertido en mi favorito, era el número que daba inicio a mi anhelada familia.

¡Y bien! La noticia estaba confirmada, mi embarazo era una realidad. ¿Ahora, qué seguía? ¿Debía decirle a todo mundo? La Doctora me había dicho que era mejor esperar, pues bien sería un secreto que debía guardar un mes más. Así lo acordamos Alan y yo.

Y bueno, si ya estaba embarazada debía sentir náuseas, debía comenzar a crecer mi panza, deberían empezar mis antojos raros, mi ropa cambiaría y sobre todo Alan tenía que pedirme matrimonio, ¿o no? Pues no, nada de eso estaba pasando.

Al contrario, dejé de pasar tanto tiempo con él. Ahora dormía más en la que realmente era mi casa, y vaya que en verdad dormía. El cansancio era abismal. Pero la ilusión de ser mamá iluminaba mis horas en las que estaba despierta,  en esos días eran muy pocas, me convertí en un oso que sólo dormía y dormía, afortunada yo, que estaba de vacaciones. Mi embarazo era una realidad, pero me llevó un tiempo asimilarlo, creerlo en verdad.

Los días transcurrían muy lento, tenía tantas cosas qué imaginar, tantos nombres qué evaluar, tanta ropita qué mirar, pero no tenía con quién hacerlo.

Sí veía a Alan, pero lo notaba muy raro, no sé qué pasaba por su mente, al menos estoy segura que en sus planes no estaba pedirme matrimonio. En fin, yo tenía mejores cosas en qué pensar y debía encontrar a quién platicárselas.

La primer persona a quién le platiqué fue a mi hermano, quien sintió más miedo que yo, pero sin duda un gran gusto de estrenarse como tío. La segunda persona a quien le di la noticia fue a mi primo, en ese entonces él vivía en España, así que se lo conté en un e-mail. Nunca falta esa persona que no quiere creerte y piensa que sólo se trata de una broma, pues en mi caso, fue él. Me tomó como 5 correos para convencerlo que era de verdad.

De cualquier manera, ellos eran como de chocolate, sabía que apoyarían mis decisiones. El verdadero reto sería decirles a mis padres, y aprender a lidiar con las reacciones del resto de mis conocidos.

¿Qué pensarán de la niña “educada, estudiosa, aplicada, e inteligente, el ejemplo a seguir de sus primas” que tendría un bebé sin terminar su carrera y sin haberse casado? ¿Acaso el decidir tener un bebé a mis 23 años me hacía menos inteligente? ¿Por qué tenía que seguir el orden de los planes que la sociedad tiene para mi vida?

Sabía perfectamente lo que hacía y con una carrera en proceso, una mamá y un novio confundidos yo sacaría adelante a mi bebé, porque desde ahora y para siempre es quien da sentido a mi vida.

Ahora, tú platícame, ¿qué fue lo primero que hiciste después de confirmar que estabas embarazada? ¿Quién fue la primera persona a la que le diste la noticia de tu embarazo? ¿Cómo reaccionaron tus conocidos?

Quédate al pendiente de la próxima entrada, te estaré platicando cómo me llegaron las náuseas y antojos, por qué suceden y cómo le hice para controlarlas. No olvides dejar tus comentarios. 😉

Tips para combatir los dolores del parto

El parto natural es el nacimiento que se realiza a través de la vagina, durante el cual, no es necesaria la intervención de medicamentos, instrumentos o cirugía.

En cambio se utilizan técnicas de relajación y de respiración controlada para manejar el dolor.

Si no existen complicaciones y el feto y la madre gozan de buena salud, el parto natural puede ser la mejor opción para ambos, esta experiencia permite el contacto inmediato del recién nacido con la madre.

Privarse de medicamentos significa no tener que pasar por los posibles efectos secundarios de éstos. Ciertos medicamentos que se emplean durante el curso de preparación al parto pueden impedir la segregación de endorfina (la hormona de la felicidad) responsable de elevar el límite de nuestra resistencia al dolor.

Aquí te dejamos algunos tips para combatir los dolores del parto:

– Respirar a través del estómago (técnica que se aprende en cursos de preparación al parto).
Meditar.
– No te quedes todo el tiempo en la cama, intenta cambiar de posición e incluso realizar pequeños paseos.
– Tomar un baño relajante.
– Darte masajes o contrapresión.
– Distraerte con actividades que mantienen la mente ocupada en otra cosa.
– Escuchar música relajante.

En general, el parto natural es muy seguro. Sólo se vuelve riesgoso si una mujer ignora las recomendaciones de su médico o si no permite la intervención médica cuando las cosas no resultan según lo planeado.

La primer orden que le di a mi hijo

¡Hola Mamás!

¿Cómo están? Me da gusto escribirles de nuevo para seguir contándonos nuestras historias.

La semana pasada les platicaba que en un viaje a Teques llegó mi primer sospecha de embarazo, después de eso pasaron algunos días en los que la sospecha creció y creció hasta que, finalmente, llegó el día.

Esa mañana no fue necesario poner despertador. Con el primer sonido del día me desperté. Mi cuerpo temblaba, a pesar del frío que hacía sabía que no era por eso. Eran los nervios, la emoción, la idea de imaginar que podría ser cierto. Mi primer embarazo era más que eso, era amor reflejado en mi cuerpo, era un logro, era magia.

Tomé la prueba de embarazo y corrí al baño. Habían pasado sólo dos semanas desde el día en que tenía que llegar mi regla. Y a pesar de que era muy poco tiempo yo necesitaba confirmarlo ya. Quizá era una pequeña historia de esas que fabrica mi mente, cuando sueño despierta. Quizá era parte de esas ideas que muchas veces construía, como las de imaginarme mirando la aurora boreal, como las de  imaginarme nadando en el mar. Pero en esta ocasión me aterrizaba el recuerdo de una realidad: mi intimidad con Alan había sido tan espontánea que desde hace varias semanas habíamos hecho los anticonceptivos a un lado.

Pasó el tiempo de espera. La ventana de verificación en la prueba decía que fue hecha correctamente. La segunda famosa rayita que anuncia el embarazo, se veía, levemente, pero se veía.  ¡Wow! ¿Estaba embarazada? ¿Por qué era tan tenue? No podía estar levemente embarazada, ¿o si?

Era una emoción muy grande, no lo podía creer. Me sentía muy feliz, pero mi mente intentaba equilibrar mi realidad, no había terminado mi carrera, no tenía trabajo, no estaba casada, es más Alan y yo habíamos decidido darnos un break.

Al mismo tiempo estaba consciente de que eran muy pocos días los que habían pasado desde mi última regla. Pensaba en la posibilidad de que más bien mi locura había fecundado a mi imaginación y todo era parte de un embarazo psicológico o algo así. Ya me había pasado antes.

Tomé el celular y le escribí a Alan que necesitaba verlo ese mismo día, en ese mismo instante. Siempre que me imaginaba embarazada pensaba en  la manera de darle la noticia a mi pareja, debía ser algo especial.  Aseguraba que cuando me sucediera, compraría ropita de bebé y se la daría a mi esposo como un regalo, él entendería que esperamos un bebé, nos abrazaríamos, lloraríamos de la emoción, correríamos a comprar ropa y muebles para el bebé, a decirle a nuestros conocidos y por supuesto a comprar un perrito para ser la familia perfecta. Pero no, no fue así.

No tenía idea de cómo lo tomaría Alan.  Era algo que supuestamente no habíamos planeado, pero sé que sabía lo que habíamos estado haciendo. ¿Entonces qué pasaría? De cualquier manera estaba segura que con él encontraría una solución. Mi corazón a su lado se sentía seguro.

En cuanto leyó mi mensaje supo de qué se trataba, así que cuando le di la noticia no se sorprendió en lo más mínimo. Mis ojos y mi mezcla de emociones le pedían que no se fuera, pues él debía regresar a trabajar. Besó mi mejilla, tranquilamente me dijo que no me preocupara, y me abrazó. Nos despedimos y yo fui a la farmacia a comprar mi ácido fólico, más valía prevenir.

Una semana después, agendamos cita con una ginecóloga. Le platiqué de mi sospecha de embarazo, me hizo un ultrasonido y me pidió que mirara la pantalla.

  • Muy bien, aquí tenemos una bolsita, este es el saquito gestacional, en realidad aún es muy poco tiempo para…
  • ¿Queeeé? ¿Si estoy embarazada? ¿Es en serio?

 

La ginecóloga asintió usando un gesto de obviedad. Y ¡wow! Mi vida cambió.

Desde la esquina del consultorio, Alan se acercó a tomarme de la mano. Juntos mirábamos esa pequeña bolita tan frágil, tan hermosa, tan llena de promesas de vida y amor, mi pequeño bebé.

No tenía más de 4 semanas de gestación, así que nos recomendaron no ilusionarnos, ni dar la noticia a familiares ni conocidos pues, por causas naturales, existía la probabilidad de que el saquito no se implantara bien y el embarazo no se diera.

Le dije a mi bolita que era un bebé muy deseado y muy esperado, le pedí que se aferrara a la vida. En ese momento, ya era una mamá dando una orden a su hijo.

La doctora me recomendó seguir tomando mis vitaminas y cuidarme de realizar ejercicio físico pesado. Me programó mi siguiente consulta para el siguiente mes, cuando yo tuviera aproximadamente ya 3 meses de embarazo.

Para este punto de mi vida me sentía más emocionada que cuando me fui a vivir a Austria, mi embarazo era como comenzar un viaje, un hermoso viaje del que jamás regresaría porque seguramente ahí encontraría la verdadera plenitud de estar viva.

¿Y tú cómo te enteraste que estabas embarazada? ¿Qué sentiste y  qué hiciste cuando te enteraste? ¿Quién estaba contigo? Cuéntame tu experiencia para juntas revivir esos momentos tan llenos de emoción y alegría.

Con cariño, Diana.

Conocer o no conocer el sexo del bebé, ¡he ahí el dilema!

Cuando no se sabe el sexo del bebé, por lo general nos llenamos de regalos con colores neutros para llegar a ese momento sorpresa en el que nos enteraremos si es niño o niña. Antes de que un ultrasonido pueda brindarte esta información, decide si realmente quieres saberlo.

Una razón para decidirse a conocer el sexo del bebé es que tus familiares, tus amigos y tú sepan qué comprar y de qué color, no es lo mismo elegir la ropa de un bebé que la de un recién nacido. Si eres preferente de algún color cuando se trata de niño o niña, esto podrá ayudar a  los demás a darte un regalo acorde a tus gustos. Será genial recibir cosas que podrás ir imaginando puestas en tu bebé, incluso decorar su cuarto.

Pero el hecho de no saber el sexo del bebé con anticipación también tiene sus cosas, una de ellas es el factor sorpresa, después de dar a luz sabrás si llevarás a casa una niña o un niño y cualquiera de los dos llenará de alegría tu hogar. Podrás pensar en dos nombres, uno para niño y otro para niña, así cuando llegue el gran día sabrás cuál escoger.

Esta decisión es sin duda, algo ligado con la paciencia, ya que si no lo eres correrás de inmediato al ultrasonido a enterarte de quién viene en esa pancita, pero si eres o te consideras una persona paciente, puedes darte a ti misma un hermoso regalo que te sorprenderá.

Platícanos si tu decidiste conocer el sexo de tu bebé o preferiste que fuera sorpresa.

Sigue de cerca a Diana, ella decidió que sea sorpresa el sexo de su bebé, te platicará toda la historia de su embarazo y su maternidad¡Conócela!

Carta a la cigüeña

¿Cómo están mamás? Me da mucho gusto escribirles de nuevo. Gracias por ser parte de este proyecto y por sus comentarios para hacer crecer este espacio que es de todas.

Hoy quiero platicarles sobre cómo decidí embarazarme. Hace dos notas, les comentaba que pienso que llega un momento a casi todas las mujeres en el que sabes que ya quieres ser mamá. Es como dar un “Sí, acepto” pero más intenso, muuucho más intenso. En mi caso, una chispa se encendió en mi cabeza, recorrió mi cuerpo hasta llegar al corazón. Ahí explotó y las ganas de ser mamá invadieron toooodo mi cuerpo. Recuerdo que aproximadamente un año antes de quedar embarazada soñaba muy seguido en que ya tenía un bebé.  Me parecía súper extraño e intentaba buscarle un significado como cuando dicen, “si sueñas con un agua significa abundancia”, o algo así. Pero cuando le platiqué a mi mamá que esos sueños eran muy constantes me dijo: “Ay hija, ¿no será que ya quieres ser mamá?”

En ese momento mi corazón se detuvo, mis ojos miraron todo y nada a la vez, mi mente recorrió completamente el arco iris y dije: “No, no creo, ¿cómo? O sea, sí pero no. Todavía no.”

Y así fue la primera vez que me imaginé como mamá.

Mi periodo era muy irregular. Me sentía algo preocupada por ello, y recuerdo que una vez en la prepa mientras esperaba mi clase con una amiga, le platiqué sobre eso que me estaba pasando, que me asustaba a tal grado que temía no tener la capacidad de ser mamá. Lloré, lloré y lloré, hasta que la prepa inundé. Bueno eso no, pero sí lloré mucho. Hasta ahora no entiendo por qué, si tenía 17 años, ¿por qué habría de preocuparme tan joven por eso?

Muchas cosas se estaban complicando en mi vida y decidí irme a vivir un año a Viena en Austria. La relación con Alan se había terminado, supuestamente. ¿Recuerdan que les platiqué en la entrada anterior como era de extraña nuestra relación? Me costó mucho aceptarlo, y a pesar de la tristeza que sentía, sabía que no iba a detener mi vida, ni mis planes por él.

Regresé a mi México extrañando horrores a mi familia y, honestamente, con muchísimas ganas de verlo a él. La relación resurgió y me sentía más enamorada que nunca. Comencé a casi vivir con él, y digo “casi” porque nunca lo hicimos oficial. Yo iba y salía de su casa tanto como él, mientras mi mamá hacía sonar mi celular a cada rato para saber si llegaría a casa o me quedaría en mi hogar “de mentiritas”.

Y así transcurrieron más o menos un par de meses. Yo con mi amor de cuento de hadas y él con su amor de película de acción. Las cosas no iban bien. Nuestras personalidades no se llevaban bien, nuestros sentimientos sí. Es tan difícil de explicar. En un momento, dejamos de cuidarnos, adiós a cualquier tipo de anticonceptivo. Mi cabeza era un torbellino de emociones.

“Una vez, no pasa nada y lo dejamos pasar. Y no, no pasó nada. Otra vez, tampoco pasa nada. ¿Estoy haciendo lo correcto? Porque si está pasando es porque algo puede suceder, y si sabe lo que estamos haciendo es porque quiere lo que yo quiero, entonces sí. Sigamos así.”

Y seguimos hasta que sucedió. Sin platicarlo antes, sin preguntarnos, sin detenernos, sólo hicimos que sucediera. En mi caso, quise que sucediera. Con respecto a él, estuve mucho tiempo sin saber qué era lo que pasaba por su mente, hasta que supe con certeza que también lo quiso así. Lo sé, ¡somos complicados!

El punto es que sucedió.

Todas las mujeres tenemos, al menos, una amiga que te inspira y motiva a hacer grandes cosas, la mía es Andrea. Mi compañera de grandes aventuras, la conocí en Viena, recorrimos juntas Europa y al regresar a México teníamos sed de más. Me propuso ir a Teques a aventarnos con paracaídas y, por supuesto, acepté.

Al hacer nuestro pago nos hicieron algunas preguntas para firmar la responsiva. Una de esas preguntas fue ¿está usted embarazada? Mi respuesta obvia debió haber sido que no. Pero mis recuerdos recientes con Alan no me dejaban estar tan segura. Creo que no, contesté, con una sonrisa de complicidad hacia mí y mis pensamientos. Ahí llegó la primer sospecha.

Días después, en una cita con el ginecólogo para tratar lo de mi periodo irregular me dijo:

  • Si al día equis de mes no le baja, se va comprar estas pastillas, se las toma y así su periodo se va normalizar.

 

Llegó el día equis de mes y no me bajó. No era algo raro que no me bajara cada 28 días, así de irregular había sido siempre.  Fui a la farmacia a comprar mis pastillas, pero la chispa que había explotado en mi corazón ya había llegado a mi vientre. En la fila, mientras esperaba mi turno para pagar, decidí dejar la cajita de pastillas y me llevé a casa una prueba de embarazo.

Al siguiente día la noticia era confirmada, habían llegado los Reyes, ¡ya estaba embarazada!

Pero, ¿quieres saber todos los detalles de cómo me enteré de mi embarazo? ¡Fue una locura! No te pierdas la siguiente entrada.  Mientras, platícame tu historia de cómo decidiste quedar embarazada. ¿Tomaron la decisión en pareja, lo hablaron antes o sólo sucedió? ¿Qué pasaba por sus mentes? ¿Qué las hizo sospechar de su embarazo? Estoy segura de que son de esos momentos en la vida que nunca vamos a olvidar.

Con cariño, Diana.

¿En qué casos es necesaria una episiotomía?

La episiotomía es una incisión quirúrgica realizada en el área muscular ubicada entre la vagina y el ano cuya finalidad es la de ampliar la apertura vaginal, abreviar el parto y apresurar la salida del feto. Esta incisión puede ser de dos tipos, desde el medio de la vagina hacia abajo en dirección al ano o desde el medio de la vagina hacia un lado.

Este proceso no se lleva a cabo rutinariamente. Las mujeres que sufren desgarros espontáneos superficiales se recuperan más rápidamente o en el mismo tiempo, pero con menos problemas. La episiotomía aumenta la pérdida de sangre durante el parto, es más dolorosa y lleva más tiempo reiniciar la vida sexual.

Las mujeres a las que se les llegaba a practicar una episiotomía podían tener desgarros en la zona del esfínter anal o en el recto, perjudicando el proceso de recuperación, provocando riesgos de incontinencia anal.

Una episiotomía es necesaria cuando:

  • Los latidos del corazón del bebé muestran no tolerar bien los últimos minutos del parto y debe nacer rápidamente.
  • El bebé es muy grande y se requiere más espacio para ayudarlo a salir.
  • El médico necesita espacio para los fórceps que utilizará para ayudar a nacer al bebé.
  • Los tejidos sangran o parece que van a desgarrarse en varios lugares una vez que el bebé asoma la cabeza. En este caso, cortar en un solo lugar evitará desgarros múltiples. Aun así, unos pocos desgarros superficiales son preferibles a una episiotomía.

 

La incisión se puede realizar con o sin anestesia, se realizará un corte pequeño en el perineo con unas tijeras quirúrgicas. Luego si es necesario te inyectará anestesia local nuevamente para asegurarse de que la zona esté anestesiada y poder suturar la incisión.

Debido a que se trata de una zona sensible, habrá molestias durante algún tiempo, sin embargo esto también depende de cada persona y del tamaño de la incisión. Pasados unos 7 días ya estará cicatrizando y el riesgo de infección es muy bajo. Se recomienda aplicar hielo inmediatamente después de concebir al bebé para aliviar la incomodidad.

Para retomar tu vida sexual debe pasar al menos un mes y medio, tu médico debe darte autorización y tú debes sentirte bien.

Es recomendable que platiques con tu médico si planeas tener un parto natural, el sabrá guiarte durante el proceso y te recomendará ejercicios previos para que estés preparada para el gran día.

 

Una vez nacido tu bebé deberás saber cómo alimentarlo bien. Continúa leyendo: Alimentando al recién nacido.