Carta a la cigüeña

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¿Cómo están mamás? Me da mucho gusto escribirles de nuevo. Gracias por ser parte de este proyecto y por sus comentarios para hacer crecer este espacio que es de todas.

Hoy quiero platicarles sobre cómo decidí embarazarme. Hace dos notas, les comentaba que pienso que llega un momento a casi todas las mujeres en el que sabes que ya quieres ser mamá. Es como dar un “Sí, acepto” pero más intenso, muuucho más intenso. En mi caso, una chispa se encendió en mi cabeza, recorrió mi cuerpo hasta llegar al corazón. Ahí explotó y las ganas de ser mamá invadieron toooodo mi cuerpo. Recuerdo que aproximadamente un año antes de quedar embarazada soñaba muy seguido en que ya tenía un bebé.  Me parecía súper extraño e intentaba buscarle un significado como cuando dicen, “si sueñas con un agua significa abundancia”, o algo así. Pero cuando le platiqué a mi mamá que esos sueños eran muy constantes me dijo: “Ay hija, ¿no será que ya quieres ser mamá?”

En ese momento mi corazón se detuvo, mis ojos miraron todo y nada a la vez, mi mente recorrió completamente el arco iris y dije: “No, no creo, ¿cómo? O sea, sí pero no. Todavía no.”

Y así fue la primera vez que me imaginé como mamá.

Mi periodo era muy irregular. Me sentía algo preocupada por ello, y recuerdo que una vez en la prepa mientras esperaba mi clase con una amiga, le platiqué sobre eso que me estaba pasando, que me asustaba a tal grado que temía no tener la capacidad de ser mamá. Lloré, lloré y lloré, hasta que la prepa inundé. Bueno eso no, pero sí lloré mucho. Hasta ahora no entiendo por qué, si tenía 17 años, ¿por qué habría de preocuparme tan joven por eso?

Muchas cosas se estaban complicando en mi vida y decidí irme a vivir un año a Viena en Austria. La relación con Alan se había terminado, supuestamente. ¿Recuerdan que les platiqué en la entrada anterior como era de extraña nuestra relación? Me costó mucho aceptarlo, y a pesar de la tristeza que sentía, sabía que no iba a detener mi vida, ni mis planes por él.

Regresé a mi México extrañando horrores a mi familia y, honestamente, con muchísimas ganas de verlo a él. La relación resurgió y me sentía más enamorada que nunca. Comencé a casi vivir con él, y digo “casi” porque nunca lo hicimos oficial. Yo iba y salía de su casa tanto como él, mientras mi mamá hacía sonar mi celular a cada rato para saber si llegaría a casa o me quedaría en mi hogar “de mentiritas”.

Y así transcurrieron más o menos un par de meses. Yo con mi amor de cuento de hadas y él con su amor de película de acción. Las cosas no iban bien. Nuestras personalidades no se llevaban bien, nuestros sentimientos sí. Es tan difícil de explicar. En un momento, dejamos de cuidarnos, adiós a cualquier tipo de anticonceptivo. Mi cabeza era un torbellino de emociones.

“Una vez, no pasa nada y lo dejamos pasar. Y no, no pasó nada. Otra vez, tampoco pasa nada. ¿Estoy haciendo lo correcto? Porque si está pasando es porque algo puede suceder, y si sabe lo que estamos haciendo es porque quiere lo que yo quiero, entonces sí. Sigamos así.”

Y seguimos hasta que sucedió. Sin platicarlo antes, sin preguntarnos, sin detenernos, sólo hicimos que sucediera. En mi caso, quise que sucediera. Con respecto a él, estuve mucho tiempo sin saber qué era lo que pasaba por su mente, hasta que supe con certeza que también lo quiso así. Lo sé, ¡somos complicados!

El punto es que sucedió.

Todas las mujeres tenemos, al menos, una amiga que te inspira y motiva a hacer grandes cosas, la mía es Andrea. Mi compañera de grandes aventuras, la conocí en Viena, recorrimos juntas Europa y al regresar a México teníamos sed de más. Me propuso ir a Teques a aventarnos con paracaídas y, por supuesto, acepté.

Al hacer nuestro pago nos hicieron algunas preguntas para firmar la responsiva. Una de esas preguntas fue ¿está usted embarazada? Mi respuesta obvia debió haber sido que no. Pero mis recuerdos recientes con Alan no me dejaban estar tan segura. Creo que no, contesté, con una sonrisa de complicidad hacia mí y mis pensamientos. Ahí llegó la primer sospecha.

Días después, en una cita con el ginecólogo para tratar lo de mi periodo irregular me dijo:

  • Si al día equis de mes no le baja, se va comprar estas pastillas, se las toma y así su periodo se va normalizar.

 

Llegó el día equis de mes y no me bajó. No era algo raro que no me bajara cada 28 días, así de irregular había sido siempre.  Fui a la farmacia a comprar mis pastillas, pero la chispa que había explotado en mi corazón ya había llegado a mi vientre. En la fila, mientras esperaba mi turno para pagar, decidí dejar la cajita de pastillas y me llevé a casa una prueba de embarazo.

Al siguiente día la noticia era confirmada, habían llegado los Reyes, ¡ya estaba embarazada!

Pero, ¿quieres saber todos los detalles de cómo me enteré de mi embarazo? ¡Fue una locura! No te pierdas la siguiente entrada.  Mientras, platícame tu historia de cómo decidiste quedar embarazada. ¿Tomaron la decisión en pareja, lo hablaron antes o sólo sucedió? ¿Qué pasaba por sus mentes? ¿Qué las hizo sospechar de su embarazo? Estoy segura de que son de esos momentos en la vida que nunca vamos a olvidar.

Con cariño, Diana.


Publicado por: Baby Mink

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