La primer orden que le di a mi hijo

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¡Hola Mamás!

¿Cómo están? Me da gusto escribirles de nuevo para seguir contándonos nuestras historias.

La semana pasada les platicaba que en un viaje a Teques llegó mi primer sospecha de embarazo, después de eso pasaron algunos días en los que la sospecha creció y creció hasta que, finalmente, llegó el día.

Esa mañana no fue necesario poner despertador. Con el primer sonido del día me desperté. Mi cuerpo temblaba, a pesar del frío que hacía sabía que no era por eso. Eran los nervios, la emoción, la idea de imaginar que podría ser cierto. Mi primer embarazo era más que eso, era amor reflejado en mi cuerpo, era un logro, era magia.

Tomé la prueba de embarazo y corrí al baño. Habían pasado sólo dos semanas desde el día en que tenía que llegar mi regla. Y a pesar de que era muy poco tiempo yo necesitaba confirmarlo ya. Quizá era una pequeña historia de esas que fabrica mi mente, cuando sueño despierta. Quizá era parte de esas ideas que muchas veces construía, como las de imaginarme mirando la aurora boreal, como las de  imaginarme nadando en el mar. Pero en esta ocasión me aterrizaba el recuerdo de una realidad: mi intimidad con Alan había sido tan espontánea que desde hace varias semanas habíamos hecho los anticonceptivos a un lado.

Pasó el tiempo de espera. La ventana de verificación en la prueba decía que fue hecha correctamente. La segunda famosa rayita que anuncia el embarazo, se veía, levemente, pero se veía.  ¡Wow! ¿Estaba embarazada? ¿Por qué era tan tenue? No podía estar levemente embarazada, ¿o si?

Era una emoción muy grande, no lo podía creer. Me sentía muy feliz, pero mi mente intentaba equilibrar mi realidad, no había terminado mi carrera, no tenía trabajo, no estaba casada, es más Alan y yo habíamos decidido darnos un break.

Al mismo tiempo estaba consciente de que eran muy pocos días los que habían pasado desde mi última regla. Pensaba en la posibilidad de que más bien mi locura había fecundado a mi imaginación y todo era parte de un embarazo psicológico o algo así. Ya me había pasado antes.

Tomé el celular y le escribí a Alan que necesitaba verlo ese mismo día, en ese mismo instante. Siempre que me imaginaba embarazada pensaba en  la manera de darle la noticia a mi pareja, debía ser algo especial.  Aseguraba que cuando me sucediera, compraría ropita de bebé y se la daría a mi esposo como un regalo, él entendería que esperamos un bebé, nos abrazaríamos, lloraríamos de la emoción, correríamos a comprar ropa y muebles para el bebé, a decirle a nuestros conocidos y por supuesto a comprar un perrito para ser la familia perfecta. Pero no, no fue así.

No tenía idea de cómo lo tomaría Alan.  Era algo que supuestamente no habíamos planeado, pero sé que sabía lo que habíamos estado haciendo. ¿Entonces qué pasaría? De cualquier manera estaba segura que con él encontraría una solución. Mi corazón a su lado se sentía seguro.

En cuanto leyó mi mensaje supo de qué se trataba, así que cuando le di la noticia no se sorprendió en lo más mínimo. Mis ojos y mi mezcla de emociones le pedían que no se fuera, pues él debía regresar a trabajar. Besó mi mejilla, tranquilamente me dijo que no me preocupara, y me abrazó. Nos despedimos y yo fui a la farmacia a comprar mi ácido fólico, más valía prevenir.

Una semana después, agendamos cita con una ginecóloga. Le platiqué de mi sospecha de embarazo, me hizo un ultrasonido y me pidió que mirara la pantalla.

  • Muy bien, aquí tenemos una bolsita, este es el saquito gestacional, en realidad aún es muy poco tiempo para…
  • ¿Queeeé? ¿Si estoy embarazada? ¿Es en serio?

 

La ginecóloga asintió usando un gesto de obviedad. Y ¡wow! Mi vida cambió.

Desde la esquina del consultorio, Alan se acercó a tomarme de la mano. Juntos mirábamos esa pequeña bolita tan frágil, tan hermosa, tan llena de promesas de vida y amor, mi pequeño bebé.

No tenía más de 4 semanas de gestación, así que nos recomendaron no ilusionarnos, ni dar la noticia a familiares ni conocidos pues, por causas naturales, existía la probabilidad de que el saquito no se implantara bien y el embarazo no se diera.

Le dije a mi bolita que era un bebé muy deseado y muy esperado, le pedí que se aferrara a la vida. En ese momento, ya era una mamá dando una orden a su hijo.

La doctora me recomendó seguir tomando mis vitaminas y cuidarme de realizar ejercicio físico pesado. Me programó mi siguiente consulta para el siguiente mes, cuando yo tuviera aproximadamente ya 3 meses de embarazo.

Para este punto de mi vida me sentía más emocionada que cuando me fui a vivir a Austria, mi embarazo era como comenzar un viaje, un hermoso viaje del que jamás regresaría porque seguramente ahí encontraría la verdadera plenitud de estar viva.

¿Y tú cómo te enteraste que estabas embarazada? ¿Qué sentiste y  qué hiciste cuando te enteraste? ¿Quién estaba contigo? Cuéntame tu experiencia para juntas revivir esos momentos tan llenos de emoción y alegría.

Con cariño, Diana.


Publicado por: Baby Mink

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